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Las Cuevas de los Tayos, por dentro

Las Cuevas de los Tayos, en Morona Santiago

Esas cavernas de Morona Santiago podrían convertirse en el gran destino de aventura del país.

Ocurrió hace casi un mes, del viernes 9 al domingo 11 de diciembre. Viajaron 17 personas, incluidos los fotógrafos Roberto Ochoa y Lucas Bustamante, quienes nos comparten las fantásticas fotos de este reportaje. También nos entregan sus experiencias en ese lugar de misterio, leyendas y, sobre todo, paisajes que quitan el aliento.

“Salimos por la mañana del viernes desde Quito hacia la provincia de Morona Santiago, en la zona montañosa irregular llamada Cordillera del Cóndor. Las Cuevas de los Tayos deben su nombre por ser el hábitat de aves llamadas tayos (Steatornis caripensis), que anidan en algunas cuevas de las selvas amazónicas”, indica Ochoa sobre ese viaje cumplido para identificar las fortalezas y debilidades de ese destino que muy bien podría convertirse en el mayor atractivo de aventura del Ecuador.

El Ministerio de Turismo apoyó esta iniciativa con recursos, apoyo logístico y, además, con la presencia del ministro Fernando Alvarado, líder de esa cartera de Estado. “Fue el mejor viaje de aventura que he realizado, y eso que he visitado sitios como la Antártida y el Yasuní”, comentó el funcionario días después.

El grupo estuvo también conformado por Manuel Palacios, experto que había realizado cuatro expediciones anteriores a ese lugar; personal de la productora Nómad-a Media, que realizó filmaciones; dos guías shuar; un guía iwia del Ejército y personal de apoyo.

Ingreso por la Chimenea

Todos ellos llegaron a Shell (Pastaza), para luego tomar un vuelo de 30 minutos hasta Yukianza (Morona Santiago), emprender una hora en bus, media hora en bote y cuatro horas de caminata por la selva para llegar a la gran boca de la cueva. “El agujero de entrada es muy intimidante, sobre todo por el graznido de los tayos, haciendo eco en la cueva”, indica Bustamante sobre ese ingreso llamado la Chimenea.

El descenso se realizó con cuerdas, llevándolos a un increíble escenario. “Me decidí a mirar hacia abajo y no vi nada más que oscuridad absoluta. ¡Pero ya no había vuelta atrás! Estaba asegurado con arneses, cuerdas y casco, suspendido a más de 70 metros de distancia de tierra firme; por eso era difícil no tener vértigo”, agrega Luis.

Así bajaron los 17 exploradores, quienes instalaron sus tiendas de campaña en una galería natural de unos 50 metros de ancho y más de 50 metros de altura, denominada Domo de Nuestra Señora del Guayas por el investigador húngaro argentino Juan Móricz, quien en 1969 descubrió oficialmente esas cuevas.

¿Dónde está el tesoro?

Roberto Ochoa comenta que en esa primera mañana salieron a eso de las 08:00 para buscar una laguna interior que, según se dice, tiene túneles que llevan a otras cuevas. “Ingresamos a una cueva de un metro de ancho, que estaba inundada, hasta llegar a ese pequeño lago. Allí tres apneístas (Ochoa, Raúl Cabrera, de Nómad-a Media, y Fernando Alvarado) nos sumergimos para avanzar unos 7 metros bajo el agua y pudimos encontrar unas cuevas, pero no eran grandes, así que regresamos. Hay rumores de que allí está el tesoro de Atahualpa, pero solo son cosas que se dicen”. En ese recorrido también lograron aproximarse a unas cascadas de unos 20 metros de altura, las cuales escalaron hasta donde pudieron.

Luego recorrieron varias galerías subterráneas y encontraron grandes salones de roca con muros naturales de más de 20 metros de altura, muchos de ellos sembrados de estalagmitas y estalactitas que sugerían que aquel paisaje fue construido por el tiempo y las filtraciones de agua.

En la madrugada del domingo emprendieron el lento regreso a la superficie, ya que el ascenso de cada persona por la Chimenea requería una hora y media de escalada por cuerdas. Así amanecieron en la selva para emprender el camino rumbo a la comuna shuar.

Luis Bustamante indica: “Pese a ser una corta visita, valió muchísimo la pena la larga expedición y travesía. ¡Y no es para menos! Ya desde 1973 las Cuevas de los Tayos estaban en ojos del mundo, principalmente gracias al libro El oro de los dioses, del suizo Erich von Däniken, quien decía que las cuevas estaban llenas de oro, metales preciosos y estructuras creadas por extraterrestres. Por esto y otras razones, tres años más tarde se organizó una expedición a las cuevas, con personal nacional y extranjero, principalmente británicos, incluido el famoso Neil Armstrong. No encontraron nada de lo que decía Von Däniken, pero se hicieron contribuciones a la biodiversidad ecuatoriana y de cuevas”. Aunque otras versiones relatan que esos extranjeros sacaron objetos que nunca han sido revelados. Pero todo aquello es un misterio.

Lo cierto es que gracias a este reciente viaje, el Ministerio de Turismo ahora planea brindar capacitación a las comunas shuar que en esa zona reciben a los esporádicos viajeros y aventureros que llegan a las Cuevas de los Tayos, ya que si aumentan esas visitas tendrán mayores ingresos económicos y desarrollo en su calidad de vida (ellos les brindarían servicios de guianza nativa, equipos, hospedaje y alimentación). Y esos turistas llegarían a disfrutar seguramente de la mejor aventura de sus existencias.

Ese podría ser el gran tesoro que guardan las Cuevas de los Tayos y que aún espera ser descubierto. (M.P.) (I)

Tomado de LA REVISTA

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